«Los Nyingma nos hemos especializado en bucear por los profundos

abismos del verdadero significado de la mente»

 

 

Una entrevista de David Barba

El mítico Tarthang Tulku ha accedido a respondernos unas preguntas con motivo de la publicación de su nuevo libro, Revelaciones de la mente, que reúne toda la sabiduría de la psicología budista de la escuela tibetana Nyingma. Venerable maestro, escritor e introductor de la tradición Nyingma del budismo tibetano en Occidente, Tarthang Tulku nació en Tíbet en 1934 y fue educado por muchos de los grandes lamas del siglo XX. En 1968 recaló en Estados Unidos, donde dirige importantes proyectos educativos y editoriales de apoyo a la cultura y a los refugiados tibetanos. También es el introductor del yoga tibetano Kum Nye en Occidente, el fundador del Nyingma Institute y el creador de la Ceremonia por la Paz en el Mundo. Para él, la mente avanzada es mucho más que un cerebro encerrado en un cráneo: constantemente, participa de la realidad e incluso contribuye a crearla. Pero, como víctimas que se identifican con su torturador, las personas creemos que somos nuestra mente racional y nos convertimos en sus prisioneros hasta agotar nuestra energía… A través de las reveladoras enseñanzas de la psicología budista del linaje Nyingma, descubrimos que nada es totalmente nuestro: ni los pensamientos ni los sueños ni la noción de quiénes somos. Desprovistos de toda certeza, podremos adentrarnos en el eficaz mapa de la mente diseñado por Rimpoché, capaz de conducirla hacia una paz duradera y de permitirle abandonar sus automatismos.

 

A día de hoy, ¿qué significa ser un lama en el mundo occidental?

Ser lama significa que te has formado como maestro. En la tradición budista tibetana se necesitan muchos años de estudios y prácticas especiales para ello: hay que cumplir con ciertas cualificaciones para que alguien llegue a ser considerado como lama. Si bien la gente suele estar familiarizada con algunos maestros muy conocidos, como el Dalái Lama, en realidad es una figura poco habitual: no hay en Occidente tantas personas a las que se las pueda llamar lamas en un sentido estricto.

¿Qué recuerda del Tíbet que dejó atrás?

Cuando era niño, vivía en la cima del techo del mundo; mi casa se encontraba entre las dos grandes montañas sagradas de Amnye Machen y Nembo Yurtse, en Golok, Tíbet oriental. Mis padres fueron mis primeros e importantes maestros y guías. Más tarde entré en el monasterio y, desde los 14 años, tuve la suerte de estudiar en varios centros espirituales con algunos de los maestros de linaje más destacados del siglo XX, procedentes de diversas escuelas. En cuanto a mí, no me llamo a mí mismo ‘maestro’, pero recibí numerosas bendiciones, transmisiones de diversos linajes y enseñanzas esenciales en esta dirección. Puedo recordar muchas cosas del Tíbet, pero ahora, con más de ochenta años, algunos de mis recuerdos comienzan a palidecer y desvanecerse. También son muchos los recuerdos que en realidad no podría compartir con palabras… Mi memoria, como mi vida, comienza a seguir el devenir del río.

¿Extraña aquel mundo perdido de su infancia?

Recuerdo el Tíbet como un lugar de profundos valles y altas montañas, de una belleza natural incomparable; pero, sobre todo, lo que recuerdo más especialmente es la radiante belleza interior de los grandes maestros y meditadores que habitaban en los monasterios y los lugares de retiro. Era fácil sentir la presencia de una tradición viva que se había desarrollado durante trece siglos seguidos en la Tierra de las Nieves.

Los occidentales suelen fascinarse por el budismo mágico del Tíbet. ¿Cómo ayuda esa ‘magia’ en el camino del buscador espiritual?

Érase un tiempo en que, tal vez, el espacio fue perfectamente libre, en que no había límites ni estructuras, ni existía un interior y un exterior, ni forma ni condición. Entonces, tras producirse algunos cambios sutiles, surgió lo que conocemos como universo, en el cual, de alguna manera, surgieron la forma y el contenido. Identificamos los químicos y partículas que conocemos como elementos independientes del espacio vacío, pero al mismo tiempo solo pueden emanar del espacio vacío. Esta manera que tiene el espacio de jugar consigo mismo me parece muy mágica.
Sin duda, el Tíbet es una tierra de magia espiritual. Cuentan que un monasterio tibetano llegó a albergar a cien mil lamas que desarrollaron tantas habilidades que sus cuerpos se desmaterializaron uno por uno, y de ellos solo quedaron sus ropajes… En muchas escuelas y monasterios del Tíbet solían convivir varios linajes espirituales: los Nyingma suelen ser practicantes muy profundos y han desarrollado numerosas prácticas creativas, curativas y de poder que podrían parecer mágicas a ojos de un occidental. Así, no es de extrañar que aquel lejano país, tal como se aparece ante nosotros, sea visto como un mundo mágico.
Imagínate cómo vería tu sociedad una persona que hubiese nacido hace cinco mil años. ¿Qué haría este viajero del pasado ante formas y contextos tan misteriosos como los actuales? Todas las manifestaciones de nuestra cultura, de la historia, el lenguaje, nuestros conceptos y pensamientos y teoría, así como la conciencia misma, son pura magia. Tendemos a señalar cosas que consideramos ajenas a nosotros mismos, y entonces las etiquetamos como ‘magia’, cuando en realidad los magos somos nosotros mismos.

Usted es uno de los grandes representantes de la escuela Nyingma, la tradición más secreta y misteriosa del Tíbet. ¿Qué puede decir sobre su linaje para ayudarnos a comprender mejor la idiosincrasia de las prácticas Nyingma?

Las prácticas de la escuela Nyingma se centran en la comprensión de la mente profunda. Dices que los Nyingma somos misteriosos, pero creo que el misterioso, en realidad, emana de la mente. La mente parece no tener forma ni condición, ni carácter alguno que podamos aprehender. Sin embargo, siempre está presente en nosotros. Todo el tiempo dependemos de un ‘yo’, de un ‘mí’ o de un ‘mío’, de todos esos agregados mentales, y nunca llegamos a conocer al operario que actúa tras ellos. Se podría decir de los Nyingma que nos hemos especializado en bucear en los profundos abismos del verdadero significado de la mente.

Ha fundado con éxito muchas organizaciones, como el Tibetan Nyingmapa Meditation Center, la Tibetan Nyingma Relief Foundation, la editorial Dharma Publishing y la Fundación Guna. ¿Cuál es su próximo proyecto? ¿Hay alguna organización importante que, a estas alturas de su vida, le quede aún por fundar?

He hecho todas estas cosas porque me parecía que no tenía otra opción. La cultura y la lengua tibetana, el Dharma del Tíbet y sus tradiciones, se han vuelto cada vez más débiles y, a pesar de nuestros esfuerzos, algunos elementos esenciales pueden llegar finalmente a desaparecer. Pero mi sensación es que el budismo tibetano tiene todavía un gran papel que desempeñar en el mundo. Cuando vine a trabajar a Occidente y me encontré con sus derechos y protecciones fundamentales, y especialmente con el derecho a la libertad religiosa, pensé que podría plantar alguna humilde semilla aquí y allá que crecería si se daban las circunstancias correctas. De ahí que se manifestaran todos estos centros y fundaciones.
Lo que sigue es simplemente mantener lo que ya se ha creado en la medida de lo posible y expandir nuestros esfuerzos con la ayuda de aliados como vosotros. Ojalá que podamos ver traducidos al español más trabajos y estudios como Revelaciones de la mente o mi Trilogía del Loto, de modo que sigan siendo lecturas útiles para muchas personas. Confío en que todas nuestras actividades y creaciones sobrevivan en el futuro, especialmente gracias al apoyo de nuevos lectores y estudiantes.
El mandala de las organizaciones que hemos creado es importante, pero el mandala más importante es de la propia mente. Este mandala sigue sin resolverse hasta ahora; hay poderosas fuerzas disruptivas que despiertan patrones neuróticos en todos nosotros, y nos producen desequilibrios duraderos en nuestros pensamientos, emociones y sentidos. Sin embargo, cuando este mandala no es perturbado, manifiesta cualidades maravillosas. Belleza y alegría, amor y respeto, compasión y fe… todo ello viene de la mente. Necesitamos hacer todo lo posible para ayudar a que el mandala de la mente se calme, de modo que consigamos redescubrir sus preciosos potenciales.

¿Siente en su vida alguna tensión entre el mundo materialista y globalizado de los Estados Unidos y las ideas complejas y esotéricas sobre la reencarnación que residen en el corazón de la tradición budista tibetana? ¿Cómo logra integrar ambos mundos?

Puede parecer que hay una diferencia entre el mundo de las apariencias, los objetos y las manifestaciones, y la comprensión esotérica de la apertura, el vacío y la potencialidad. Pero ambas cosas no están necesariamente en contradicción. Cuanto más entendemos la apariencia y el vacío, más claro se vuelve que la apariencia y el vacío son coemergentes, coexistentes. Vale la pena preguntarse dónde podremos ver aparecer este espectáculo mágico, maravilloso y coexistente la próxima vez.

Es usted el guía de una comunidad. ¿Qué se entiende hoy en día por un maestro espiritual?

Ser un maestro espiritual significa que se es, tanto como sea posible, un portador: especialmente un portador de cuidados, alguien que se dedica a ayudar a los demás. Para mí, uno es un maestro espiritual si —y esto es un gran SÍ— tiene el poder, la claridad y la determinación constante de estar al servicio. Si hay personas que poseen estas cualidades, ahora es el momento de que den un paso al frente. Deben ponerse de pie en nombre de la humanidad y del mundo: necesitan enseñar, compartir y ayudar. Este tipo de maestría no es una reliquia o una estampa del pasado, y no depende de logros del pasado. Se trata de que el maestro se ponga al servicio en este preciso instante.

¿Puede hablarnos de su relación con Claudio Naranjo, quien fue su discípulo y al mismo tiempo un maestro espiritual?

Claudio fue un gran amigo mío durante cincuenta años: era amable, atento y un gran erudito. Espiritualmente, ha llegado a tener una poderosa influencia en el mundo occidental. Estoy muy contento de que la gente siga sus pasos hoy. No olvides el mensaje que te transmitió, su legado; de ti depende mantenerlo vivo.

¿En qué beneficia a una persona tener un maestro espiritual? ¿Es necesario para crecer? Hay gente que cree que los maestros son una reliquia del pasado…

Lo que llamamos ‘la gente’ y ‘lo espiritual’ pueden no ser cosas separadas; el ‘maestro’ y ‘la gente’ pueden estar unidos en sus profundidades. Comprender esta unidad es fundamental para la transmisión de la sabiduría. Unidad con la transmisión y transmisión de la perfecta unidad: creo que este es el único propósito de un verdadero maestro.
A veces puede suceder que estemos esperando a un maestro o incluso a un salvador como Jesús, o tal vez como Maitreya, el Buda futuro. De hecho, es posible que llegue alguno en formas más esperadas o inesperadas. Mientras tanto, nuestro trabajo es prepararnos, estar disponibles para ello. Creo que nuestro deber de buscadores es aprender a estar listos como estudiantes cuando el maestro aparezca.

¿Cómo es su experiencia como un ser espiritualmente despierto? ¿Piensa que el despertar espiritual está disponible para todos?

Los estados ‘despierto’ y ‘no despierto’ mantienen una relación interesante. Es un poco difícil establecer una frontera entre ellos. Se podría decir que estoy buscando esa frontera.
La posibilidad del despertar espiritual depende del punto de vista; más concretamente, depende de las proyecciones contenidas en nuestro punto de vista, del punto de vista que proyectamos.

En este sentido, ¿considera que el cerebro es un receptor de la conciencia, como afirman algunos neurocientíficos heterodoxos?

La neurociencia en general está desarrollando un trabajo muy interesante en los últimos tiempos. Sin embargo, me parece que cuando se trata de señalar los puntos clave de investigación, los neurocientíficos no están muy seguros de dónde provienen sus motivaciones ni hacia dónde apuntan.
Me da la sensación de que están trabajando sobre mapas delineados por conceptualizaciones, y creo que ese campo conceptual se irá dilatando más y más por algún tiempo. Los conceptos establecen su validez a través de bucles que parecen conectarlos entre ellos, y mi sensación es que la ciencia todavía continuará atrapada durante mucho tiempo en estos ciclos de conceptos, pensamientos, emociones y sensaciones, especulando con ellos. Pero puede que algún día el foco de atención acabe viéndose desconcertado en medio de todo este laberinto conceptual.
Por ahora, los que señalan dónde hay que poner el foco parecen ideológicamente muy seguros de sí mismos. Pero, ¿qué hay antes de cada uno de estos emergentes? Solemos decir que primero viene el ‘antes’ y luego el ‘después’, y que ‘después’ no es ‘antes’. Pero ¿qué los une? ¿Qué hay entre el ‘antes’ y el ‘después’ de cada hecho clave? ¿Es posible hallar la pregunta o el punto exacto?

¿Cómo logra usted que su propia mente no sea una molestia para una vida realizada?

Comencemos por reflexionar un momento sobre la frase «su propia mente»… La relación entre el ‘propietario’ y el ‘objeto’ o la ‘cosa’ es desconcertante. ¿Quién posee qué? En lo que respecta a la mente, se hace muy difícil distinguir a quién pertenece tal o cual territorio mental. El marco del lenguaje también juega un papel en ello: a veces, dos mentes diferentes interpretan las cosas de maneras distintas, dependiendo de la filosofía, la psicología o la educación de cada una. Y así continuaremos atrapados en este ciclo durante algún tiempo aún: propietarios y propiedades se retroalimentan entre sí, con lo que se mantiene en pie el impulso que nos lleva a considerar que existe una cosa llamada ‘mi propia mente’. Es difícil llegar a decirse que las cosas no son así, llegar a preguntarse cómo organizarnos o cómo operar el samsara que representa esta compleja relación entre ‘mente’ y ‘propietario’ que venimos cargando.

¿Ha dejado de sentirte controlado por sus pensamientos?

¿«Mis pensamientos»?… ‘Yo’, ‘mí’ y ‘mío’ tienen, de vez en cuando, un papel especial, un rol necesario… pero no creo que nos estén ofreciendo una información muy precisa. Estas partículas parecen tener opiniones y puntos de vista propios, pero no siempre tienen razón, y a la vez no necesariamente están equivocadas. En última instancia, sus comunicados podrían estar mostrándonos algo más allá de consideraciones como ‘correcto’ o ‘incorrecto’.

Si acepto todo lo que sucede sin oponerme, si dejo de identificarme con mis pensamientos o con mis deseos, ¿qué queda de mí? ¿Soy algo más allá de mi mente o mi cuerpo?

Creo que todos los seres humanos somos buscadores de la verdad, y la buscamos a través de preguntas, observando, investigando, reflexionando… Pero ¿qué tal si echamos un vistazo más de cerca a ese observador? En vez de mirar hacia afuera, ¿por qué no nos fijamos en la mirada del que mira? ¡Quizás, en lugar de preguntarme a mí, podrías hacerle estas preguntas tan interesantes al propio observador que te habita! A ver qué te cuenta…
A menudo nos asalta la ansiedad de establecer verdades sobre nosotros mismos, de ser algo o alguien. Pero, ¿qué sentido tiene? ¿Cuál es el propósito principal de esa identidad identificable? Y si alguna vez se logra, ¿quién o qué la logró?

La mente, el intelecto, tiene mala prensa entre los círculos espirituales. En cambio, usted reivindica la importancia de la mente. ¿En qué sentido?

Cualquier buscador siempre albergará algún sesgo, algún punto de vista, alguna proyección… Cada vez que aparece un prejuicio, cada vez que parece que haya algo que demostrar, será fructífero buscar el origen de nuestra proyección. Acurrucado en nuestro interior, puede haber alguien susurrándonos: «Es necesario que demuestres esto o aquello». ¿Quién es ese alguien? ¿A quién dirigimos nuestras preguntas? ¿Y qué mente responde, asegurando qué certeza?
Antes de preocuparnos demasiado por cualquier tipo de respuestas, es posible que deseemos hacer una pausa. Entonces puede que descubramos que ese alguien esta preguntando y respondiendo a la vez; quizás nos encontremos nuevamente ante un agente de la mente que hace preguntas y, a la vez, nos susurra las respuestas… Quizás mi propia respuesta también sea uno de esos susurros: quienes preguntan y responden tal vez no sean sino asistentes del agente mental principal. Y, mientras tanto, seguimos con nuestra tendencia a no identificar a ese que nos susurra: ignoramos quién es el autor de la proyección que proyecta nuestros sesgos mentales.

En su opinión, ¿guardan relación los sucesos del mundo con el estado mental de la población? En otras palabras, ¿es la conciencia un asunto de la más alta prioridad política?

La mente tiene reglas y roles, tiene normas y creaciones propias. Creo que mientras la mente permanezca en su actual estado, su cometido continuará siendo seguir esos roles y reglas. Mi opinión es que los sucesos del mundo se desarrollan igualmente a partir de la aplicación de esas reglas y roles.

¿Tiene esperanza en que alcancemos un estado de conciencia colectiva superior al actual?

Las personas utilizamos pronombres como ‘yo’, ‘tú’ o ‘nosotros’ para referirnos al ser humano o al sujeto de la mente. Y suele preocuparnos la naturaleza del ser humano, la comprensión de la mente…
Imagina la luna llena. Es muy hermosa y brillante. Al mismo tiempo, sabemos que el brillo de la luna refleja en realidad la luz del sol.
El ideal de una conciencia elevada podría asimilarse a la luna llena: nos parece muy hermosa y deseable, pero su brillo no es más que la proyección de una luz reflejada. Una luz que, en cualquier caso, nos resulta inspiradora, pero cuyo auspicio se hace más profundo si comprendemos cuál es su fuente verdadera. Entonces, la pregunta es: ¿qué brillo hace posibles las proyecciones de nuestra propia mente?

Flota en el ambiente cierta sensación colectiva de desastre… ¿Podría darnos algún consejo para estos tiempos revueltos?

Mi consejo es que, sea lo que sea que sientas que has aprendido en el camino, hagas un esfuerzo aún mejor para cultivar tu comprensión y ayudar a que se haga más grande.  Date a ti mismo todo el apoyo que necesites. Desarrolla en tu vida una certeza cristalina, de modo que llegues a comprender en toda su magnitud y por completo lo que estás haciendo aquí.

¿Qué es una vida bien vivida?

Una vida será una vida bien vivida si uno sigue este sencillo consejo: desarrolla una certeza cristalina y, por este medio, alcanza el ser: comprenderás el sentido de la vida teniendo una vida con sentido.

Gracias por sus inspiradas respuestas, Rimpoché.

Me gustaría expresarte mi agradecimiento por vuestros esfuerzos para fomentar la lectura y la enseñanza de mis libros. Si mis respuestas te han dejado con la sed de hacerte más y más preguntas, te animo a que leas de nuevo detenidamente Revelaciones de la mente, la Trilogía del Loto, Dimensiones de la mente y mis otros libros, donde creo que muchos asuntos relevantes que aquí preguntas se desarrollan de una manera más profunda.

Odiyan, junio de 2020