«Me inspira llegar a convertirme en ecosattva»

 

 

Una entrevista de David Barba

En 2014 recibió un doctorado honoris causa de su universidad de origen, el Carleton College, por sus contribuciones al budismo en Occidente. Sin embargo, en 2016 lo devolvió como protesta por la inversiones de esta institución en industrias contaminantes. Y es que el profesor David Loy, doctor en filosofía y uno de los más célebre autores budistas del presente, es, ante todo, un activista comprometido con la naturaleza y la justicia social. Ecodharma, su último libro, afronta los grandes desafíos de la humanidad frente a la emergencia climática y profundiza en el diálogo entre el budismo y la modernidad. De fondo, su convicción de que la transformación personal y la evolución social son, en realidad, dos caras de la misma moneda.

 

Además de filósofo y ecologista, ¿es usted un ecosattva?
Ecosattva es un nuevo término budista que se refiere a alguien que quiere iluminarse no solo en su propio beneficio, sino también para ayudar a sanar nuestra relación con el mundo natural. Llegar a convertirme en un ecosattva me parece una posibilidad inspiradora…

¿Y qué puede ofrecerle el budismo a la naturaleza?
Según las enseñanzas budistas tradicionales, en el núcleo de nuestra insatisfacción se encuentra la ilusión de que estamos separados de las otras personas y del mundo. Es el mismo problema que enfrentamos colectivamente hoy en día: nosotros, como especie, sentimos que estamos separados del resto del medio natural. En ambos casos, nos ayudará comprender que esta separación no existe, así como aprender a vivir de una manera que respete nuestra interconexión con el otro y con la naturaleza.

Con 2.500 años de antigüedad, ¿es el budismo actualizable?
El budismo siempre ha puesto énfasis en la impermanencia y en la insustancialidad, y esta idea se aplica también al budismo en sí: las enseñanzas y prácticas budistas han cambiado cada vez que se han extendido a nuevas culturas. Hoy en día, el budismo se enfrenta al mayor desafío de su historia al preguntarse, precisamente, qué puede ofrecerle a nuestra civilización ahora global y que parece sumida en un proceso de autodestrucción. Tal vez por ello, ya hay nuevas formas de budismo que están evolucionando muy rápidamente.

¿Cómo anda de optimismo (y nihilismo) sobre nuestro futuro?
No soy ni un optimista ni un pesimista, ni un esperanzado ni un desesperado. Mi compromiso está en hacer lo que buenamente pueda, y para ello hay que dejar de lado dualismos de este tipo. Hoy, nuestra tarea consiste en hacer lo que podamos, lo mejor que podamos, sin saber si algo de lo que hagamos en pro de la naturaleza servirá para algo. Además, ¡hay que hacerlo con alegría! Podemos considerar cualquier esfuerzo que hagamos por la ecología como un regalo para los demás y para la tierra. Y, como sucede con cualquier tipo de regalo, no debemos esperar nada a cambio.

El sentido del humor tiene un lugar en su obra. El panorama es catastrófico, pero usted conserva la alegría…
Precisamente, debido a que nuestra situación actual es tan desafiante, ¡es necesario conservar el humor! El buen humor refleja el tipo de desapego que necesitamos hoy en día para reírnos de nosotros mismos y, al mismo tiempo, perdonarnos, a nosotros y a los demás.

¿Y si es demasiado tarde y nos extinguimos? Quizás pueda darnos un buen consejo para desaparecer con elegancia.
El budismo habla de la «mente no-sé», la mente que acepta que no sabe qué va a pasar o qué entra dentro de la posibilidad. En lugar de quedarnos paralizados ante la incertidumbre de la vida, esa «mente no-sé» nos permite responder adecuadamente a cada situación, momento a momento, dando lo mejor de nosotros de acuerdo a las comprensiones que vamos adquiriendo. Hay una gran libertad y alegría en responder así a la vida.